Protestas en Irán: cómo empezaron, el apagón de internet y las advertencias de Trump
Las protestas que sacuden Irán desde finales de diciembre de 2025 tienen su origen en una crisis económica profunda que ha afectado la vida diaria de millones de iraníes. La depreciación récord del rial iraní, la elevada inflación y el aumento de precios de los bienes básicos provocaron inicialmente movilizaciones lideradas por comerciantes y trabajadores, las cuales rápidamente se transformaron en manifestaciones antigubernamentales más amplias en muchas ciudades del país.
A fines de diciembre, las protestas comenzaron en el tradicional Gran Bazar de Teherán, cuando los vendedores cerraron sus locales en protesta por la pérdida de poder adquisitivo y las difíciles condiciones económicas, y pronto se extendieron a barrios urbanos, universidades y ciudades de las 31 provincias del país.
La situación escaló el 8 de enero de 2026, cuando el gobierno iraní impuso un apagón total de internet y redes telefónicas en todo el territorio, en un intento por frenar la coordinación de manifestantes y limitar la visualización de las protestas al resto del mundo. Analistas de derechos humanos han señalado que esta medida constituye un intento de ocultar la gravedad de la represión, dificultando la comunicación y restringiendo la cobertura.
En medio de la crisis, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho declaraciones de apoyo a los manifestantes iraníes y ha advertido que su gobierno está considerando opciones firmes —incluso potenciales acciones militares— si las autoridades iraníes intensifican la violencia contra los civiles. Trump también señaló que existe comunicación con Teherán sobre una posible negociación entre ambos países.
Por su parte, el gobierno iraní ha rechazado las advertencias de intervención externa y ha afirmado que está “totalmente preparado”, aunque también ha expresado apertura a negociaciones “justas y basadas en el respeto mutuo” con Estados Unidos.
La combinación de causas económicas, políticas y sociales ha convertido estas protestas en una de las mayores oleadas de descontento en Irán desde las manifestaciones de 2022, con un fuerte uso de medidas de control estatal como el apagón de comunicaciones y denuncias de represión violenta.
