Jóvenes en Chile valoran la democracia, pero sólo 1 de cada 4 está satisfecho con su funcionamiento
Pese a que una amplia mayoría de jóvenes en Chile considera la democracia como la mejor forma de gobierno, los niveles de satisfacción con su funcionamiento actual son sorprendentemente bajos. Así lo revela el estudio “Juventudes: Asignatura Pendiente”, elaborado por la Fundación Friedrich Ebert (FES) y dado a conocer recientemente en Santiago.
Según la investigación, el 70 % de los jóvenes entre 15 y 35 años considera que la democracia es el sistema político ideal. Sin embargo, solo un 25 % (1 de cada 4) se manifiesta conforme con cómo opera en la actualidad.
Este hallazgo da cuenta de una brecha crítica entre el ideal democrático y su aplicación práctica, especialmente desde la perspectiva de las nuevas generaciones, que han sido protagonistas de los cambios sociales y políticos en la última década.
El informe se basó en una encuesta representativa aplicada entre enero y febrero de 2024 a 2.002 personas jóvenes en todo el país. Entre sus conclusiones más relevantes destacan:
- Los jóvenes muestran un alto grado de valoración personal y familiar, pero se sienten menos satisfechos con su situación económica y, sobre todo, con el rumbo del país.
- Los principales problemas que identifican son el desempleo juvenil, el alto costo de vida, las brechas en el acceso a la salud, la falta de oportunidades para surgir y la baja respuesta del Estado ante sus demandas.
- Existe una fuerte desconfianza en las instituciones públicas, incluyendo partidos políticos, el Congreso, e incluso organizaciones civiles tradicionales.
- La participación política formal (como votar o militar en partidos) es baja, pero sí existe un interés importante por temas sociales, derechos humanos y medioambiente.
Uno de los hallazgos clave es que, a pesar del desencanto con el sistema político, no hay apatía. Al contrario, muchas y muchos jóvenes están informados, opinan activamente en redes sociales y participan en movilizaciones o causas ciudadanas.
Este compromiso, sin embargo, no se canaliza a través de las estructuras tradicionales de participación, lo que representa un gran desafío para los partidos, el gobierno y la sociedad civil organizada. La contradicción entre alta valoración de la democracia y baja satisfacción con su funcionamiento plantea una alerta clara para el sistema político chileno.
“La juventud no está desconectada, está buscando formas nuevas de relacionarse con lo público”, señalaron desde FES durante el lanzamiento del informe.
Para revertir esta situación, el estudio propone:
- Fortalecer la representación política juvenil, abriendo espacios reales de participación y decisión.
- Impulsar políticas públicas específicas para jóvenes, especialmente en empleo, salud mental, educación y vivienda.
- Reformar los canales de participación tradicional, haciéndolos más inclusivos, ágiles y cercanos.
- Recuperar la confianza institucional, con más transparencia, accountability y contacto directo con las juventudes.
El informe de FES forma parte de un análisis a nivel latinoamericano que incluye a países como Argentina, Colombia, México, Paraguay y Uruguay. En todos ellos se detectan patrones similares: altos niveles de idealismo democrático, pero también frustración y distancia respecto de las instituciones.
En el caso chileno, este fenómeno se cruza con el ciclo político post-estallido social y los procesos constitucionales recientes, que han generado grandes expectativas —y también profundas decepciones— entre la población joven.
La juventud chilena no le ha dado la espalda a la democracia. Pero sí exige una democracia que funcione, que escuche y que actúe. El desafío no es solo electoral: es estructural, cultural y social. Si el sistema político no es capaz de adaptarse, corre el riesgo de perder a una generación entera que quiere ser parte del cambio, pero no encuentra dónde hacerlo.
